Textos y fotos : Meri ¨Parrado
¿Alguna vez escuchaste hablar de Automotores Orletti, el centro clandestino que funcionó en Argentina? ¿Sabías que sobrevivientes uruguayos secuestrados por el terrorismo de Estado estuvieron allí, que luego fueron trasladados de forma ilegal a Uruguay y que parte de esa historia tuvo como escenario una casa ubicada en el balneario Shangrilá conocida como Chalet Susy? ¿Qué ocurrió realmente en ese lugar y por qué, 50 años después, sigue siendo un símbolo de la coordinación represiva?
Esas fueron algunas de las preguntas y reflexiones que atravesaron el conversatorio “Coordinación represiva y memoria, a 50 años de la farsa del Chalet Susy”, realizado en el Centro Cultural de Ciudad de la Costa, organizado por Memorias de la Costa con apoyo de la Intendencia de Canelones y el Municipio de Ciudad de la Costa, en el marco del Mes de la Memoria.
La actividad, centrada en los 50 años de los hechos ocurridos en el Chalet Susy —uno de los hitos del circuito de memoria de Ciudad de la Costa—, tuvo lugar el pasado jueves y reunió a sobrevivientes del terrorismo de Estado,referentes de organizaciones de derechos humanos, autoridades localesy vecinas y vecinos de la Costa.
El encargado de abrir el encuentro fue Baldemar Taroco, vicepresidente de Crysol e integrante de Memorias de la Costa, quien destacó el trabajo sostenido del colectivo desde su surgimiento. “Memorias de la Costa surgió por 2009 y trabaja como sociedad civil con colaboración de la Dirección de Derechos Humanos y el municipio”, señaló.
Taroco recordó además que la Plaza de los Derechos Humanos, declarada sitio de memoria, alberga “el primer mojón del circuito de memoria de Ciudad de la Costa”, y subrayó que el conversatorio buscó “recordar el tema del Chalet Susy”, uno de los puntos de ese recorrido histórico. “En octubre va a hacer 50 años de lo ocurrido en esta ciudad”, expresó.
Otro de los integrantes de la mesa de oradores fue Carlos Garolla, titular de la Dirección de Derechos Humanos de la Intendencia de Canelones. “Es bravo estar en esta mesa”, dijo en referencia a su participación en una actividad que definió como “muy especial, muy emotiva”. “Se respira un aire de mucha lucha, de mucha resistencia y es muy emocionante estar en esta instancia”.
Garolla explicó que la actividad surgió a partir de una propuesta del colectivo y se articuló con la visita de integrantes de la Mesa de Trabajo y Consenso ex Automotores Orletti, que llegaron a Uruguay para participar de la 31 Marcha del Silencio.
El jerarca sostuvo además que quienes integran hoy las nuevas generaciones vinculadas a la temática se sienten “un poco herederos” de las luchas de sobrevivientes y familiares. “Son un faro que nos alumbra y nos conduce un poco por esta vida”.
A su turno, la alcaldesa de Municipio de Ciudad de la Costa, Julia Matilla, celebró la convocatoria alcanzada por la actividad y destacó el valor del intercambio colectivo en torno a la memoria reciente.“Hoy realmente es un abrazo colectivo muy lindo”, expresó al observar la sala colmada del Centro Cultural. La alcaldesa agradeció el trabajo conjunto con Memorias de la Costa y señaló que las actividades vinculadas a la memoria forman parte de una construcción colectiva en la ciudad.
Matilla también puso énfasis en la importancia del Chalet Susy como parte de la identidad local. “Poner en valor también la identidad de Ciudad de la Costa con lo que fue el Chalet Susy creemos que no es menor”, afirmó.En ese sentido, sostuvo que, en una ciudad “en constante crecimiento”, resulta necesario construir referencias comunes e históricas. “Nos cuesta también encontrar lugares donde nos identificamos; creemos que hacer parte de la historia es fundamental”, concluyó.
El legado de “Automotores Orletti”
Tiene nombre de local comercial, pero Automotores Orletti fue un centro clandestino de detención, tortura y exterminio que operó en el año 1976 en Argentina, en el marco del Plan Cóndor, y con la participación conjunta de represores de los países de procedencia de sus víctimas, entre los que se encontraba Uruguay. El local fue puesto en marcha por agentes de la SIDE (Secretaría de Inteligencia del Estado). Cuentan los libros que por allí pasaron más de 300 víctimas del Terrorismo de Estado. La mayoría de las personas fueron asesinadas y desaparecidas. Sobrevivieron unas veinte, en su mayoría uruguayas.Este lugar, que albergó tanto horror, logró reinventarse y darle paso a la memoria. Ahora funciona como un espacio histórico, educativo y de investigación sobre el terrorismo de Estado.
De esta nueva etapa habló Ricardo Maggio, coordinador del Espacio para la Memoria y Promoción de los Derechos Humanos ex Automotores Orletti. El referente repasó el trabajo que se desarrolla en el ex centro clandestino de detención y reivindicó el rol de los sitios de memoria como herramientas de reflexión política y construcción colectiva.
Maggio explicó que el espacio fue recuperado en 2008 “a partir de la lucha de los compañeros uruguayos y sobrevivientes” y en el marco de las políticas públicas impulsadas por el gobierno argentino. Desde entonces, sostuvo, el desafío fue definir “qué contar del pasado reciente del terrorismo de Estado argentino y cómo mostrar ese lugar”. “La idea nuestra siempre fue, en una discusión de los trabajadores, de los sobrevivientes, de los colectivos, no mostrarlo como museo, sino que sea un espacio de pensamiento crítico para poder reflexionar como sociedad lo que fue el terrorismo de Estado y qué sociedad queremos a futuro”, agregó.
El coordinador destacó además que el lugar se conserva “tal cual era al momento del funcionamiento de lo que fue el campo”, tanto por su valor histórico como por su papel en las causas judiciales aún en curso en Argentina. “Siguen encontrando pruebas, se siguen encontrando objetos, se siguen encontrando marcas”, indicó, y remarcó que esos hallazgos continúan aportando a los juicios por delitos de lesa humanidad.También informó que actualmente cinco represores están siendo juzgados por delitos cometidos en Orletti y en otros puntos del circuito represivo vinculado a la SIDE.
Otro de los ejes centrales de su intervención estuvo vinculado al trabajo pedagógico que se realiza en el espacio. Al respecto, explicó que, a partir de la incorporación del terrorismo de Estado a la currícula educativa argentina durante el gobierno de Néstor Kirchner, miles de estudiantes, de diferentes edades, visitan cada año los sitios de memoria, por lo que el abordaje educativo va desde propuestas lúdicas para las infancias hasta análisis del contexto político regional, el Plan Cóndor, las organizaciones revolucionarias perseguidas y el modelo económico impuesto por la dictadura, destinado a estudiantes de Secundaria.
En otro tramo de su exposición, relató que a partir de archivos desclasificados de Estados Unidos lograron identificar una casa operativa de la SIDE en la calle Bacacay, vinculada al funcionamiento coordinado de represores argentinos y uruguayos. A partir de esa investigación, dijo, comenzaron a hablar de un “circuito represivo” más amplio y no únicamente de lo sucedido en Orletti.
Maggio señaló además que las investigaciones permitieron identificar represores, víctimas y sobrevivientes cuyos nombres permanecían desconocidos. “Hoy hay 38 compañeras y compañeros, entre adultos y niñeces identificados”, explicó sobre el caso de Bacacay.
El referente argentino también cuestionó el desmantelamiento de políticas públicas de derechos humanos durante el gobierno de Javier Milei y advirtió sobre un escenario de disputa en torno a la memoria histórica en Argentina.“Hoy se discute si fueron 8 mil, si fueron 30 mil. Hoy se habla nuevamente de la teoría de los dos demonios”, expresó. Frente a eso, sostuvo que el espacio busca confrontar esos discursos en las visitas y actividades pedagógicas.
“Cuando decimos 8 mil o 30 mil no es la cifra, sino que no tenía que haber habido un solo compañero o compañera desaparecida”, afirmó. Y agregó: “Cuando ellos hablan de memoria completa, nosotros hablamos de que nos digan qué hicieron, quiénes los secuestraron, qué hicieron con los cuerpos y dónde están esos cuerpos”.
Hacia el final, Maggio reivindicó la organización colectiva como herramienta para conquistar derechos y evitar retrocesos sociales. “Los gobiernos no nos regalan nada, sino que los derechos se consiguen a través de la organización, la movilización y la lucha”, sostuvo.
Pese a los recortes presupuestales y la reducción del equipo de trabajo del espacio, aseguró que continúan sosteniendo las actividades vinculadas a memoria y derechos humanos. “Todo el cuerpo, la mentalidad, está puesta en honrar la memoria de los compañeros y compañeras que perdieron ahí y vamos a seguir exigiendo juicio y castigo”, concluyó.
El “blanqueo” del Chalet Susy
Una de las personas que hoy puede contar la historia de Orletti y del Chalet Susy es la expresa política Sara Méndez, quien durante el conversatorio centró su intervención en el operativo montado por las Fuerzas Armadas uruguayas en el Chalet Susy para “blanquear” el secuestro de militantes trasladados clandestinamente desde Argentina hacia Uruguay en 1976.
Méndez contó la experiencia que transitó durante los días que permaneció secuestrada en “el campo de concentración Orletti”, donde, según dijo, convivieron con un clima de violencia permanente y descontrol. “Vivimos todo, vimos de todo”, sostuvo. La ex presa política recordó especialmente la figura de Aníbal Gordon, a quien definió como “un delincuente común” vinculado históricamente a tareas represivas y rodeado de personas con características similares.
Méndez explicó además que los trasladados desde Orletti conformaron rápidamente una experiencia colectiva de resistencia. “Éramos 24 (…) y eso nos terminó convirtiendo en un cuerpo muy sólido”, afirmó al recordar las decisiones conjuntas que debieron tomar durante el cautiverio.
La sobreviviente relató que, tras pasar por Orletti en condiciones extremas de tortura, hambre y abandono, el primer traslado a Uruguay fue hacia una casa en Punta Gorda, donde recibieron atención básica y alimento. “Nos pareció que estábamos llegando casi a un paraíso”, expresó sobre ese primer momento de relativa recuperación física.
Posteriormente fueron trasladados a la sede del Servicio de Información de Defensa (SID), ubicada en Bulevar Artigas y Palmar, donde continuaron los interrogatorios y donde comenzaron a definirse las condiciones del operativo que luego se desarrollaría en el Chalet Susy.
En ese contexto, Méndez recordó una intervención del represor José Nino Gavazzo, quien les planteó que podían “salvar” sus vidas si aceptaban declarar que habían sido detenidos en Uruguay y no secuestrados en Argentina.“Ellos nos salvaron trayéndonos a Uruguay”, dijo Méndez al reconstruir el discurso de los militares, quienes ya utilizaban entonces la palabra “desaparecer”. La sobreviviente señaló que el grupo entendió rápidamente que aceptar esa versión formaba parte de una estrategia mayor para legitimar públicamente el operativo.“El Chalet Susy es justamente el lugar donde se va a hacer el blanqueo de todo ese operativo sucedido en Argentina”, resumió.
Méndez describió cómo los militares organizaron una puesta en escena destinada a dar apariencia legal a las detenciones. A diferencia de otros operativos clandestinos, explicó, en este caso se buscó deliberadamente la exposición pública. “Querían que hubiese gente que pudiese estar presente, que pudiese ver el hecho”, sostuvo.
La ex presa política recordó que incluso organizaron un asado en octubre de 1976 para generar movimientos “normales” en la casa de Shangrilá y preparar el operativo posterior. A las cinco de la tarde, relató, comenzaron las detenciones públicas con efectivos uniformados, sirenas abiertas y vehículos militares recorriendo Montevideo.“Era un circuito bien de exposición”, afirmó. Según explicó, el recorrido fue diseñado para atravesar zonas concurridas, incluso en las inmediaciones del Estadio Centenario al finalizar un partido de fútbol, con el objetivo de maximizar el impacto mediático.
Méndez también relató que algunos militares participaron simulando ser detenidos para completar el número de supuestos “subversivos” capturados y reforzar la credibilidad del operativo.Días más tarde, el Chalet Susy volvió a utilizarse para montar una conferencia de prensa destinada a medios nacionales e internacionales. La sobreviviente recordó que los detenidos aguardaban dentro de un vehículo mientras escuchaban el movimiento de periodistas y cámaras en el lugar.“Nos damos cuenta que realmente había mucha prensa internacional y un movimiento muy importante de los medios”, señaló.
Para Méndez, toda la operación estuvo vinculada a la presión internacional creciente sobre las dictaduras del Cono Sur y las denuncias sobre desapariciones forzadas en la región. “La campaña era una campaña universal”, afirmó al recordar las movilizaciones internacionales por uruguayos, argentinos, chilenos y paraguayos desaparecidos.
Hacia el final de su intervención, la sobreviviente reflexionó sobre el peso de haber aceptado las condiciones impuestas por los militares para seguir con vida. “Creo que ninguno estaba arrepentido de haber aceptado la sobrevivencia, pero también creo que asumimos la responsabilidad de esa sobrevivencia”, expresó.
Méndez sostuvo además que, aun durante el cautiverio, los detenidos intentaban reunir información sobre secuestros y desapariciones para poder denunciarlos posteriormente. “Estar permanentemente en alerta significaba justamente eso: ir recopilando nombres, lugares y situaciones”, indicó.
Finalmente, recordó que recién meses después del secuestro sus familias pudieron conocer que seguían con vida, cuando militares fueron a sus casas a solicitar colchones y ropa de cama antes del traslado definitivo a los penales uruguayos.
“No calcularon lo peligroso que era dejarnos vivos”
Otra de las integrantes del conversatorio fue Margarita Michelini, ex presa política, integrante de la comisión del Sitio de la Memoria ex SID, e hija de Zelmar Michelini, asesinado y desaparecido por el Terrorismo de Estado. Ella reflexionó sobre las marcas personales que dejó el terrorismo de Estado y sobre el papel que tuvieron los sobrevivientes en la reconstrucción de lo ocurrido durante la coordinación represiva entre Uruguay y Argentina.
Michelini comenzó explicando que la presencia de integrantes del espacio de memoria de Automotores Orletti fue uno de los motivos centrales que la impulsaron a participar de la actividad. “No todo el mundo puede, no a todo el mundo le hace bien (…) el trauma humano es muy fuerte y no todo el mundo lo procesa de la misma manera”, expresó al referirse a las dificultades emocionales que implica volver sobre experiencias vinculadas a los centros clandestinos de detención.
También recordó el impacto que le produjo visitar el sitio de memoria del ex SID en Montevideo, particularmente el sector del sótano conservado del edificio. “La verdad que no es bueno para mí, eso depende de cada persona”, señaló al describir las sensaciones que le generó regresar a espacios asociados a la represión y la tortura.
Al referirse al operativo montado en el Chalet Susy, definió la maniobra como una gran puesta en escena destinada a legitimar públicamente las detenciones ilegales realizadas en Argentina.De acuerdo a su relato, gran parte de la planificación del montaje respondía a la impronta personal del represor Gavazzo.“Era un tipo muy retorcido” y “muy teatral”, dijo, al describir la dimensión escenográfica del operativo.
Michelini aportó además que, pese al despliegue oficial, buena parte del periodismo uruguayo sospechó desde el inicio que la versión militar era falsa. “Nadie en la prensa creyó eso, sabían que era una farsa”, aseguró.
A su entender, el objetivo central del operativo era “confundir”, aunque consideró que los represores no previeron las consecuencias de haber dejado sobrevivientes. “No calcularon que dejarnos vivos a nosotros era tan peligroso”, afirmó. “Somos testigos de lo que fue todas las violaciones de los derechos humanos, de la tortura, la represión”, concluyó.
La memoria como construcción colectiva
El cierre de las intervenciones estuvo a cargo de Elena Zaffaroni, integrante del colectivo Familiares de Detenidos Desaparecidos (Famidesa), referente de esta causa, quiense enfocó en el papel que tuvieron las familias, sobrevivientes y organizaciones sociales en la construcción de la memoria colectiva y en la lucha sostenida contra la impunidad tras la dictadura.
Zaffaroni comenzó agradeciendo la presencia del público y destacó el valor de los espacios de memoria compartida. “Estamos ahora haciéndonos pasar la memoria por nuestros cuerpos”, expresó al referirse al ejercicio colectivo de recordar y revivir episodios vinculados al terrorismo de Estado.
La referente de derechos humanos repasó el largo proceso de denuncias y búsquedas impulsado por sobrevivientes, familiares de detenidos desaparecidos y ex presos políticos luego de recuperada la democracia. Según señaló, una de las situaciones “más tremendas” fue el bloqueo de la Justicia frente a los crímenes cometidos durante la dictadura.
En ese contexto, reivindicó especialmente el papel de las familias de presos y desaparecidos, así como las redes de solidaridad construidas durante aquellos años. “Nunca reconoceremos lo suficiente lo que hicieron las familias”, afirmó.
Zaffaroni recordó que la sociedad uruguaya atravesaba entonces un clima generalizado de miedo, pero sostuvo que la solidaridad y la necesidad de búsqueda fueron más fuertes. “No es que no tuviéramos miedo, sino cómo es más fuerte esa búsqueda, ese cuidado, esa solidaridad que persistió siempre”, expresó. “Esta lucha se sostuvo sobre eso”, enfatizó.
La integrante de Famidesa sostuvo además que, tras el retorno democrático, las organizaciones debieron enfrentar múltiples obstáculos y situaciones de impunidad, aunque consideró que muchas de esas barreras pudieron revertirse a través de la organización colectiva. “Fuimos abriendo esos espacios y perforando esta impunidad”, señaló. Aseguró además que las desapariciones forzadas en Uruguay fueron selectivas y que aún quedan múltiples interrogantes sin responder. “La desaparición forzada nunca está aclarada hasta que no se sepa no solamente cómo, cuándo, quién y dónde, sino también el por qué”, expresó.
En ese sentido, señaló que las organizaciones continuarán investigando y reclamando respuestas sobre los más de 200 detenidos desaparecidos uruguayos. “Seguiremos escarbando”, aseguró.
Hacia el cierre, Zaffaroni destacó el involucramiento de nuevas generaciones en las luchas vinculadas a memoria y derechos humanos y sostuvo que el relevo generacional resulta fundamental para sostener esas banderas.“Los que empujan serán otros”, afirmó. Y concluyó: “Estas banderas son de todos”.
El cierre de la actividad estuvo a cargo de la ex presa política e integrante de Memorias de la Costa Nibia López, quien destacó la importancia de sostener los espacios de memoria desde el territorio y agradeció el acompañamiento de organizaciones, instituciones y vecinos en las distintas actividades impulsadas durante el Mes de la Memoria.
López valoró especialmente el reencuentro con sobrevivientes y compañeras de militancia que participaron del conversatorio. “Hace mucho que no estábamos juntos, en un mismo lugar (…) Esto para nosotros es muy importante”.
La referente también sostuvo que la construcción de memoria forma parte de una tarea cotidiana y permanente. “Nosotros pensamos que recordar y hacer memoria es fundamental, todo el tiempo, todos los días, no solo en mayo”, afirmó.





