En La Tahona, los girasoles nacen a partir de una decisión simple pero significativa: cuidar y potenciar el ecosistema natural que forma parte de su tierra.
La plantación de girasoles cumple un rol clave en la regeneración del suelo. Cada flor contribuye a fortalecer la biodiversidad, alimentando distintas especies de abejas, atrayendo mariposas y ofreciendo semillas para aves. Durante el invierno, La Tahona cultiva raigrás y produce fardos destinados al campo. Los girasoles, en cambio, cumplen una función complementaria y esencial: ayudan a limpiar la tierra de toxinas de forma natural, evitando el uso de productos químicos.
Cuando llega el momento de la cosecha, estos girasoles no se comercializan. En cambio, se comparten con la comunidad: las familias de La Tahona pueden llevarlos a sus hogares, extendiendo así el ciclo natural más allá del campo y reforzando el vínculo entre las personas y el entorno.
Este espíritu forma parte del ADN del proyecto desde sus inicios. La Tahona se ha propuesto promover un estilo de vida que respete, cuide y celebre la naturaleza.
El campo donde hoy florecen los girasoles integra Tahona Valley, un distrito concebido con una mirada puesta en el futuro. Se trata de un desarrollo que combina urbanismo inteligente, planificación sostenible, arquitectura de escala humana y altos niveles de conectividad.
En su diseño convergen distintos principios: sostenibilidad ambiental, integración con el paisaje, uso eficiente de los recursos y movilidad verde. A su vez, el proyecto incorpora una fuerte apuesta por la educación —a través de alianzas con universidades y espacios de formación— y por el desarrollo del emprendimiento y la innovación, con áreas destinadas a startups y compañías tecnológicas.
Actualmente, el desarrollo cuenta con cuatro edificios corporativos en construcción que serán entregados en mayo. Se trata de edificaciones de baja altura, con ladrillo visto, amplios ventanales y un paisajismo que difumina la frontera entre los espacios interiores y exteriores.
Este enfoque refleja una forma contemporánea de concebir el trabajo: un entorno donde la vida laboral y el disfrute no están separados, y donde trabajar puede convertirse también en una experiencia estética y emocional.
Ubicado a tan solo 15 minutos de Carrasco, y con empresas, laboratorios y compañías tecnológicas que comienzan a instalarse en la zona, Tahona Valley se consolida como un nuevo polo de desarrollo.
En ese contexto, la imagen de un campo completo cubierto de girasoles se ha vuelto un símbolo del proyecto. Una escena que sorprende a quienes la ven y que, muchas veces, basta imaginar para comprender la esencia del lugar. Porque, en definitiva, hay proyectos que se explican mejor cuando se los puede visualizar. 🌻
