Los hijos del fundador de La Trigueña concretaron la compra de la reconocida marca de alfajores, en una operación desarrollada por la segunda generación fuera de la histórica compañía familiar. La decisión refleja la evolución de una empresa nacida en Ciudad de la Costa, cuyo crecimiento ha acompañado el desarrollo productivo de la zona durante casi cuatro décadas.
La historia de La Trigueña comenzó el 23 de mayo 1987, cuando Anselmo Pereira y su esposa Dolores Rodríguez redoblaron la apuesta pasando de la panadería Costa Dorada en Lagomar, a la fábrica de galletas reconocida a nivel nacional. Lo que nació como un emprendimiento familiar, sostenido por el trabajo cotidiano y la cercanía con sus clientes, se transformó con los años en una de las principales industrias nacionales del rubro, con una moderna planta inaugurada en 2021 y una capacidad de producción que abastece a todo el país y da sus primeros pasos hacia el mercado exportador.
Hoy, esa historia suma un nuevo capítulo. Diego, Rubén y Martín Pereira, hijos de los fundadores y actuales directores de La Trigueña, adquirieron la marca de alfajores Juana la Loca. La operación fue realizada a título personal y no por la empresa, constituyéndose en la primera iniciativa empresarial impulsada por la segunda generación fuera del ámbito de la tradicional compañía familiar.
Más que una diversificación de negocios, la compra representa la continuidad de un modelo de desarrollo construido desde el ámbito local. Los hermanos Pereira trasladan a este nuevo desafío los valores que marcaron la identidad de La Trigueña: la apuesta por la calidad, la producción nacional, la gestión de largo plazo y el fortalecimiento de marcas con identidad propia.
Según explicó Rubén Pereira a la revista Forbes, la decisión respondió al atractivo que representa Juana la Loca dentro del segmento artesanal de alfajores, una categoría con fuerte identificación entre los consumidores más jóvenes y con un posicionamiento consolidado en el mercado uruguayo.
Lejos de plantear cambios inmediatos, la estrategia apunta a preservar el funcionamiento de la empresa, mantener su equipo humano y respetar la identidad que construyeron sus fundadores. La prioridad durante los primeros meses ha sido consolidar la transición, fortalecer la gestión administrativa y generar confianza en una nueva etapa de crecimiento.
La experiencia acumulada durante casi cuarenta años al frente de La Trigueña aparece como uno de los principales activos que la familia Pereira espera aportar al desarrollo de la marca. El conocimiento del consumo masivo, la relación con proveedores y distribuidores, y una cultura empresarial basada en la solidez financiera y el crecimiento sostenido constituyen herramientas que buscan potenciar el futuro de Juana la Loca.
La operación también tiene un significado especial para Ciudad de la Costa. La Trigueña es una de las empresas emblemáticas surgidas en Lagomar y un ejemplo de cómo un emprendimiento familiar puede crecer sin perder sus raíces. Su evolución ha contribuido a la generación de empleo, al desarrollo de proveedores y a la consolidación del tejido productivo local, convirtiéndose en un referente para quienes apuestan por emprender desde el territorio.
La adquisición de Juana la Loca confirma, además, el papel de la segunda generación como protagonista de una nueva etapa empresarial. Los hijos de Anselmo Pereira no solo continúan el legado recibido, sino que comienzan a escribir su propia historia, explorando nuevas oportunidades de negocio mientras preservan los principios que dieron origen a una empresa que nació en un barrio y logró proyectarse a escala nacional.
En un contexto donde muchas empresas familiares enfrentan el desafío del relevo generacional, el caso de La Trigueña muestra cómo la continuidad puede convertirse también en una plataforma para innovar, diversificar y seguir invirtiendo en el país, demostrando que las grandes historias empresariales muchas veces comienzan con una pequeña iniciativa local y una visión compartida por toda una familia.
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